viernes, 13 de septiembre de 2013

Trueque injusto

Te cambio un adiós por un beso.


No, no te ofendas por el ofrecimiento,
si algo es inestable en estas tierras, es la cordialidad.


Te cambio un adiós por un beso 
porque no puedo pintar con mis manos
el amplio espacio que divide los engranes
que no encajan en un reloj descompuesto.

Te cambio un adiós por un beso
porque la piel arde cuando encandila el sueño
y el murmullo de la noche sólo me anuncia
que se acaba el tiempo.


Te cambio un adiós por un beso,
porque si lo piensas con detenimiento,
de mis ojos se escapan unos cuantos
cada vez que de alguna forma te encuentro.

Te cambio un adiós por un beso,
porque así decidas quedarte o no regresar,
guardo tu recuerdo en un rincón muy mío, en un secreto,
donde casi todo el tiempo me cuelo de puntillas
y recito un par de versos.

Te cambio un adiós por un beso, 
porque las palabras a veces son una sentencia severa;
en "adioses" se nos va el amor
y yo prefiero acabarme la vida en besos
más pronto que en despedidas.


Te cambio un adiós por un beso,
no porque sea un trueque justo,
no porque me deje satisfecha,
te cambio un adiós por un beso
porque el dolor será real si quedito
te digo al oído lo mucho que te quiero.

viernes, 16 de agosto de 2013

Nargles

¿Quién querría ser tu amigo?

¿Quién querría estar contigo?

Es inminente. Empiezas por sentir el cansancio extremo, luego el insomnio, luego el desconocimiento de la realidad. Y de repente te encuentras a las tres de la mañana, sentada frente a una ventana, escuchando los autos pasar, mientras no miras a ningún punto y aún así está perdida tu mirada. 

No importan los sonidos, no importa nada. Sólo existe ese silencio que te anuncia que vas otra vez en picada. Y de la nada llega el vacío, el vacío acompañado por las ganas incipientes de rascar brazos y piernas, y cuello y espalda, mientras sin razón aparente, brotan las lágrimas desde el fondo doloroso de la burbuja que en algún momento de tu vida se formó cerca del esternón.

No es estar triste sin causa. Es estar sin vida por un lapso de tiempo, sin posibilidad de ser declarado muerto.

Padeces depresión, nadie quiere estar con alguien que se autoconmisera casi todo el tiempo y el resto de él, trata de no hacerlo. Un rato no parece tan malo, pero a la larga, si uno mismo se cansa de estar dentro del cuerpo depresivo, imagínense a los que arrastra consigo.

No, nadie quiere ser amigo de un depresivo crónico, nadie quiere estar con uno.

Nadie quiere ser mi amigo.

Nadie quiere estar conmigo.

viernes, 12 de julio de 2013

No sé qué.

La memoria se abre paso entre los abismos
Que forjamos como escudos cuando por breves instantes,
Entretejemos los dedos.
La vida no es una, son muchas en una misma
Porque con cada amor perdido se siente irse la vida
Porque cada vida desvanecida nos ha arrancado un amor
Porque entre la brisa, palidece mi semblante
Y es un hecho que al mirarte taciturno y distante
Me cercioro de que los tragos amargos
Se asienten pasando por alto el adiós constante.

Porque amor que no se mata después de haberlo padecido,
crece contaminado entre cardos y ortigo
Porque amor que no se entierra, después de éste haber perecido
Se limita a contaminar con su sopor el aire
Y aunque la intención no ceda,
No hay manera de detener la quemadura
cuando la llama se ha aferrado a la carne.

Tenemos ganas de no ser más que predadores lejanos en vigilia.
No amamos, sólo nos revolcamos para hacer a un lado la desidia
Y sucumbimos ante los placeres momentáneos que amenazan
Con hacer a un lado el trasfondo intelectual de la alegría.

Tenemos ganas de ser eso que nunca pueda alcanzarse
De ser la fragancia en la ceguera que no conduzca, que sólo pierda.
Tenemos ganas de correr bajo la lluvia, sin que se mojen nuestros pasos
Tenemos ganas de ser alivio pasajero a una enfermedad que concreta los daños
Tenemos ganas de ser zanja, mas no trinchera.

Tenemos ganas de ser muy poco, y es hasta que despertamos
Cuando nos damos cuenta que entre lo poco dicho
Y lo mucho hecho, entre los nudos de los cuerpos
No hay pasaje suficiente en la memoria que nos haga comprender
Cuan inútil es pretender obviar que con cada hueco hecho para sepultar lo incierto

Desatamos una vorágine de algo que se convierte en demasiado
Cuando por fin nos ha abatido por completo el tiempo.

miércoles, 19 de junio de 2013

No sé mirar

No sé mirar.
No sé mirar porque cuando uso mis ojos,
 veo más adentro de lo que en teoría
permiten las membranas superficiales.
No sé mirar porque a veces la vista está cansada
y ve doble y no enfoca y se queda esperando
a que todo se empalme como debería.
No sé mirar porque muy seguido
estos ojos se enturbian con el llanto
y todo al rededor son bultos y espasmos.
No, no sé mirar.
No sé usar los ojos para lo que es obvio.
No sé colocar la vista en un objetivo claro,
sino más bien en el camino.
No sé mirar porque cuando ando,
lo hago por instinto.
No sé mirar, porque cuando veo
que gran parte de ti no está,
me desgarro los ojos para no saber más.
No sé mirar, porque andar a gatas
es más viable que ponerme de pie
ante el panorama de tu ausencia presencial.
No sé mirar, tal vez,
porque sencillamente no me interesa. 
No sé mirar,
pero para ser feliz,
sólo necesito un par de grandes alas
y es un hecho que, una vez desplegado el vuelo,
los ojos sobran:
no son más que sacos sobreestimados en el ensueño
y vaciados en la soledad.

domingo, 16 de junio de 2013

jueves, 6 de junio de 2013

Yo qué sé

Esos encuentros que,
apenas al pisar el terreno ya saben a despedida, 
te hacen ver la fina línea entre la obsesión
y la pasión exacerbada. 
Tal vez de todo lo que te he dado,
con lo que me quede al final sea sólo el cascajo,
el remanente incluso de todo lo que no pasamos.
Con suerte, 
alcanzo a decirte que tu ausencia es la musa
que se acurruca en mi almohada 
para recitarme los versos que
tejen un par de noches en mi memoria desvalida.
Con suerte 
mi regazo no se transforma en un desfiguro
que resguarda tu silueta en un vaivén acompasado
 por el frío matinal
colándose por tu ventana a media luz,
ese frío que mantiene intactas tus manos 
sobre las constantes despedidas.
Con suerte
no paso por alto tus pupilas hondas
diciéndome que detener el tiempo
entre las manos
no será freno para lo mal que irán las cosas
si sigo con el dedo en el renglón.
Con suerte, no me encuentro a mí misma desesperada, 
hecha añicos por mi necedad.
¿De qué se trata?
¿A qué clase de juego creen que juega uno
cuando un decreto 
es fiel amigo del autoengaño?
—¿Qué dice el espejo?
—Sigue recitando:
 "eres un ayer, cuyas pisadas firmes,
se tornan en malabares sin gracia".

T a l        v e z        u n       d í a         d e         e s t o s ,       p o r      f i n      m e       l o       c r e a .

sábado, 1 de junio de 2013

Momento.

—¿Por qué me besas?
—Porque quiero.
—¿Por qué quieres besarme?
—No lo sé.
—¿Y dónde queda lo que yo quiero?
—¿No quieres que te bese?
—Puede que no. Pero, ¿cómo lo sabría si no me das un momento previo al beso para pensar y decidirlo?
—Porque un beso no se piensa, se recibe y se da.
—¿Y si no quisiera recibirlo o devolverlo?
—Me lo habrías rechazado desde el momento en que osé acercarme con la intención más que clara de querer arrancar tus labios con los míos.

sábado, 25 de mayo de 2013

¿Y?

Haz lo que quieras,
pero no conviertas
a estas piernas
en una emulación de gelatina.
Sabes que tengo
dos pies izquierdos y sería muy grosero
de tu parte hacer que
caiga sobre mí misma, cuando
apenas intento aprender a bailar.

jueves, 23 de mayo de 2013

Enunciados


Ojalá te hubieras ido más en esencia que en presencia. 


Ojalá no jugara con los restos de tu paso sobre mis terrenos. 

Ojalá el llanto tapiara las ventanas por las que entran amenazantes ventoleras llenas del aroma de tu locura, esa que se quedó agazapada a las cortinas y a las sábanas. 

Ojalá tus pies estén muy lejos de las últimas huellas, y el arrullo de la noche ya no desate más a mis quimeras. 

Ojalá que el cansancio no turbe el pequeño estanque en el que sepulto los recuerdos y la vida de un giro que te saque de mí por completo.

Se hace tarde y no parezco darme cuenta. 

Se hace tarde y me aferro al picaporte que me sabe a trinchera. 

Se hace tarde y miro de reojo tras la puerta. Se hace tarde y no quiero volver a sentir que el agua me llega a las orejas.

sábado, 18 de mayo de 2013

Cero cinco treinta y uno y contando.

Olvidé que no podemos parecer iguales.
Pero sin previo aviso, vuelve el golpeteo del agua,
el arrullo por las noches que a veces
se desconoce si está todo en calma.
Se nos olvidaron un par de cosas,
como los secretos guardados en las fibras de la almohada.
No me siento parte de nada, menos de tí.
El cielo cae a pedazos,
y entre ellos se cuelan los amaneceres tejidos
en la esperanza de un lienzo a medio terminar.
Entonces, volví la mirada para darme cuenta
que gran parte de mí, yacía muerto,
y ante un montón de hojas secas
sucumbí a la franqueza de tu sonrisa
en medio de una noche de invierno, cruzando la acera.
Luego corté de tajo el aro invisible
que ataba mi morada a tu eterna partida.
Se me quebraron las piernas junto con la voz y la voluntad
y me sumí en la efervescencia de la agonía.
Hoy fue un día normal, de esos en que las astillas se apilan en la memoria
para darme cuenta que el único lugar en que coincido contigo,
es en este espacio vacío, tan lleno de tu ausencia.
Arraigo los suspiros en tu piel y fijo mis pisadas en la orilla de tus orejas,
para hacer un plan de viaje que me aleje de la jungla que es la espera.
Mohosos los caminos y uno descalzo,
sin saber cómo detener el andar, ni cómo seguir
entre las coyunturas que dibujan mapas sin paisajes.
Me pudiste haber robado muchas cosas,
pero de todo lo que poseo,
te has quedado con lo que menos entiendo.
De todo lo que creía tener, invalidaste mis atajos
y, justo esta noche, los huecos llegará
 para no tener forma de llenarse.
Habría besos para tí,
escondidos tras las palabras que, para ser pronunciadas,
necesitarías primero arrancarme el alma.

"No pocas veces ya he dicho adiós; conozco las horas desgarradoras de la despedida".
—Friederich Nietzsche

Las palabras son difíciles y traicioneras, como las personas. Así:


Te despierta cosas inconmensurables. Los ruidos se apagan, los silencios no se sienten. Posee esa magia que te hace querer moverte. Vives porque vas a verle y le ves porque eso te hace sentir que realmente vives. Sonríes bajo los ecos de su risa y el recuerdo de sus ojos armoniza hasta el peor de tus días. Escuchas sus palabras atrapadas en tu cabeza, y sientes palmo a palmo su piel cada vez más intensamente, hasta al volver a abrir los ojos. Caminas con los pies desnudos sobre la brisa que acaricia su cabello y extiendes las manos para recontar sus pecas en tu memoria de mortal incompleto. Te doblegas ante la distancia, pero te alienta la incertidumbre del mañana. Es el sueño que se convirtió en andar y el puente que no entiendes por qué quieres cruzar. Lo único que sabes es que su mano tibia no es muy distinta de la tuya, aunque siempre esté fría y que es de esas personas que convierten en imposible seguir con tu vida después de haber tropezado con ella.


—¿Cómo sabes todo eso? — me pregunta sorprendido, mientras sonrío al agachar la cara.


—Porque ella te hace sentir como me siento yo contigo.


Doy la media vuelta y dejo que mis lágrimas caigan sin remordimiento. Está lloviendo y nadie puede saber si lloro o sólo llevo mucho tiempo bajo el aguacero.

domingo, 28 de abril de 2013

TPL

¿La nostalgia del ayer o la incertidumbre del mañana? Yo me aferro al ayer, me aferro a lo inocuo de una mirada. Es este andar extremo, visceral. Es este virus que carece de origen, que no conoce cura. ¿Sabes cuántos pasos hay entre la desidia y la ansiedad? Es que a media luz todo parece ser sólo un sueño, un traguito de irrealidad. De repente no es tan necesario el piso, de repente la música y las conversaciones son nada más que ruido acumulándose en algún resquicio, para estallar súbitamente cuando todo vuelve a ser calma. De manera tumultosa, tus silencios hablan más claro que tus palabras y no dejan trazo de duda en su andar desenfadado, que constata la memoria como el peor de los aliados. Lo drástico en la calidad variante del momento a momento, tornan el tablero en una pieza distorsionada del juego. No sé, es ser primitivo en un mundo cambiante y moderno. Es defender con palos, lo que crece en un campo de guerra entre armas nucleares.