Es la distancia en tu presencia lo que me tiene insegura. Es el saber que detrás de un susurro, hay un nombre que al mío no corresponde. Mirar, hablar, tocar, pensar, nada de eso es suficiente cuando se quiere querer y no se siente el querer. ¿Y qué? Me quedo estancada en un sueño que no doy por algo real, pues del otro lado, todo se convierte en esbozos con un pulso dubitativo y una voluntad lejana.
Me dices cosas desde dónde no puedo visualizar en tu rostro lo que esconden tus palabras escogidas, esas que confunden lo que dices con lo que interpreto. Desde aquí no soy capaz de preguntar, porque a la vez preferiría una mentira que no me haga ver lo que puedo tomar por verdad.
¡Ay, mi mala costumbre de esperar lo peor y a veces hasta desearlo!
Ahí, mi mala costumbre de caminar de la mano de lo que probablemente me hará daño...
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