"La historia cuenta lo que sucedió; la poesía, lo que debería suceder"
- Aristóteles
Hoy quisiera tenerte frente a mí, para decirte cara a cara que no hay nada que temer, que yo estoy aquí; sin embargo, sé que igual no serviría de mucho, porque tu bienestar se encuentra a kilómetros de distancia de mí. Pero es innegable que sufro al verte sufrir, porque quisiera poder ser parte de ti, parte de lo que te ayude a sonreír, a recuperarte a ti mismo y verte capaz de ser feliz, sin divagar en ideas extrañas, ajenas a mi comprensión. Quisiera ser tantas cosas para ti, un refugio, un momento, un recuerdo que surgiera entre tus sueños y evocara las cosas más hermosas, capaces de hacer que salgas de tu constante vivir entre sombras y anaqueles repletos de asuntos no resueltos, que esperan verte partido en pedazos, donde no puedas ser quien eres realmente.
No espero que mires hacia el punto vacío en el que se encuentran mis pies de plomo, esperando un trazo escondido en lo dudoso de tus pasos; no espero un abrazo, ni siquiera un instante en la perspicacia de tu pensamiento. Solo pido al viento que susurra, para que todo eso que se acumula en tu corazón y en tu mente, encuentre la salida y no corrompa más la deteriorada estructura que ha venido a poblar tus días. Solo pido que el polvo se asiente y sea barrido en lo sublime de las andanzas para que al fin todo sea calma. Solo pido una estrella fugaz con poder suficiente para hacerte encontrar el camino por el que tu caminar no sea apagado. Se fue el tiempo, se fue el lugar y tus ojos no ven ya otra cosa que un brillo distante alejándose cada vez más en medio de la obscuridad.